[024] Perro adivino


Siempre se ha dicho que los animales están dotados de un sexto sentido. Principalmente los perros. Es como una capacidad especial que tienen para prever desastres y acontecimientos dramáticos que siempre consigue sorprenderme y llenarme de admiración por ellos.

El otro día, en el bar de Quintanilla, mientras tomaba mi café en la barra, charlábamos relajadamente sobre mascotas en general y sobre perros en particular. Aprovechando que el local estaba totalmente vacío por la crisis (aunque todos los demás bares de la ciudad estaban llenos hasta la colcha), Quintanilla me acompañaba tomando una enorme copa de coñac del bueno que escondía bajo el mostrador para que no lo vieran los clientes y me contaba anécdotas de las suyas referidas a lo listo que son los perros y a los poderes que parecen tener a la hora de presentir, sobre todo, el mal.

En esto estábamos, cuando entró un muchacho con unos vaqueros rotos en ambas rodillas, un bloque de hojas de papel de tamaño cuartilla en una mano y un rollo de cinta adhesiva en la otra. Enseñó una de las hojas a Quintanilla y le pidió permiso para pegar un ejemplar en la puerta del bar. Éste echó un vistazo rápido al trozo de papel y le dijo que podía pegarlo siempre que no tapara el horario de apertura del establecimiento... ¡si lo encontraba, claro!

Mientras el chico buscaba el horario, nos quedamos mirando la hoja. Se trataba de uno de esos habituales avisos callejeros que informan de la pérdida de un perro, por si alguien lo ha visto por ahí. Decía que el animal obedecía (casi siempre) al nombre de Pepa (era una perra) y mostraba una foto grande, en primer plano y otras tres más pequeñas de cuerpo entero. Debajo, y en caracteres de gran tamaño, aparecía un número de teléfono y, en letra más pequeña, una vaga e inconcreta promesa de recompensa de insinuada naturaleza económica.

No entiendo absolutamente nada de razas caninas y el cartel tampoco la mencionaba, por lo que sólo puedo decir que era una perra de color blanco sucio, sin manchas visibles, de tamaño mediano y que tenía la cara más triste y abatida que le he visto jamás en un perro adulto y a este lado de Despañaperros. Nos llamó mucho la atención a los dos. Esa expresión totalmente humillada y desolada, esa vista perdida y apática y esos ojos entrecerrados por el desconsuelo y, puede que, por la pena.

Quintanilla quedó tan impresionado que llamó al chaval después de que colocara su cartel y le preguntó si las fotos eran recientes.

—De hace un par de meses, como mucho —contestó el muchacho.

Y fue entonces, cuando Quintanilla tuvo una de sus “salidas memorables”.

—¿No es asombrosa esta cara de tristeza que tiene? —dijo señalando la foto grande, la que mostraba la cabeza del perro en primer plano—. ¿Cómo demonios podía saber este animal, ya entonces, que iba a perderse? ¡Esto es un claro ejemplo de premonición perruna!

Yo me tapé la boca para aguantarme la risa, pero el chaval se quedó un momento como bloqueado hasta que reaccionó quitándole a Quintanilla el cartel de las manos, muy lentamente y sin dejar de mirarlo a los ojos, en silencio. Luego, deslizó la vista por la superficie de la barra dejándola clavada dentro de la desmesurada copa de coñac que aquél se estaba "agenciando". Finalmente, se retiró de nosotros muy despacio, en dirección a la salida y se paró en la puerta un instante a lanzarle una última mirada a Quintanilla y luego a mi; y luego otra vez a Quintanilla... Y se marchó sin decir palabra.

—Bueno, ¿por dónde íbamos? —preguntó Quintanilla, con intención de retomar nuestra conversación, como si nada hubiera pasado.

—No importa —dije yo—. Ponme otro café, ¡artista!, que éste se me ha enfriado.

Y mientras se volvía de espaldas para ponerme el café, pude ver claramente cómo un brazo se asomaba despacio por un lateral de la entrada del bar sin llegar a mostrar a su propietario, se estiraba hasta alcanzar el cartel del perro perdido y lo arrancaba de raíz y se lo llevaba, dejando a la vista el horario de apertura del establecimiento.

¡Ostras! ¿Habrá encontrado ya al perro?... ¡Qué rapidez!




Mi triste perro
(Fuente: José Luis Ruiz [bdebacaAtribuciónNo comercialCompartir bajo la misma licencia Algunos derechos reservados  )




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