[080] - Solo son dibujantes

El director del salón del cómic miró al técnico instalador de redes con la mandíbula desencajada mientras éste tecleaba encorvado sobre su portátil. A sus pies, un mar de cables y conexiones tejían la complicada alfombra que sustentaba toda la tecnología y las comunicaciones del evento.

—¿Tiene arreglo? ¿podremos abrir el salón a la hora prevista? —preguntó el director.

—Estoy accediendo al programa que está fallando —el técnico aporreaba las teclas sin levantar la cabeza de la pantalla—. Ni siquiera sé en qué lenguaje de programación está escrito esto… Ahora veremos.

De pronto, paró de teclear y alzó las cejas.

—¡Santa tecla bendita!

Su cara se volvió tan pálida que el director, al verla, sintió que le fallaban las piernas y se sentó en una silla frente al técnico sin dejar de mirarle. Finalmente, el técnico levantó las palmas de las manos en un intento de transmitir confianza, incluso a sí mismo.

—Bueno, no perdamos la calma. Existe una posibilidad —exclamó mirando hacia la puerta que comunicaba con el salón principal de exposiciones—. Voy a salir a los stands.

El director abrió los brazos en cruz contrariado.

—¿Qué?, ¡pero si sólo son dibujantes!

Sin hacerle el menor caso al director, el técnico pasó por encima de los cables y abrió la puerta de la sala de sistemas que daba al salón. Casi un centenar de mesas repletas de comics, posters y dibujos de todo tipo inundaban de color y bullicio la zona de exposiciones a pesar de que aún no había entrado el público. Tras las mesas se parapetaban los responsables de cada stand con llamativas camisetas y el gesto expectante. Había gente de todo tipo y de todas las edades: autores de autoedición, dibujantes, ilustradores, guionistas…

El técnico se subió a la tarima del escenario que había en el centro y se acercó al micrófono. El más absoluto silencio se adueñó de repente del salón del cómic y todas las miradas se clavaron en él.

—Tenemos un problema informático en el servidor que controla las comunicaciones de la red del salón, pero el programador que habíamos contratado se ha puesto enfermo y no ha venido. Esto…, ¿Hay alguien en la sala con conocimientos de Java?

De la multitud surgió un murmullo ronco como un oleaje al tiempo que todos se miraban unos a otros con ojos interrogantes. En un rincón, una chica delgada y con una abundante y rizada melena de color cobrizo levantó un brazo tímidamente por encima de las cabezas apiñadas. Todos se apartaron haciéndole un hueco. Aparentaba unos veinte años y vestía unos vaqueros y una camiseta blanca con la caricatura sonriente de una conejita con el texto: “CONEJAVA”.

El técnico lanzó un sonoro suspiro que fue recogido por el micrófono y amplificado por todo el salón del cómic.

—¿Puedes acercarte, por favor?

Todos se hicieron a un lado y la chica de la melena rizada se acercó a la tarima del escenario y subió por una escalera lateral. El murmullo dejó paso al silencio. El técnico la cogió del brazo para separarla del micrófono y hablarle a parte mientras crecía la expectación en la sala.

—Hay algo más —dijo el técnico en voz baja—. El sistema está conectado con un Mainframe del Ayuntamiento, del área de cultura.

El técnico hizo una pausa para secarse el sudor de la frente con el dorso de su mano derecha. La chica enarcó las cejas abriendo mucho los ojos.

—No sé cómo decirte esto… —El técnico extendió su brazo y lo apoyó en el hombro derecho de la chica mirándola fijamente a los ojos—. Verás, es que… Por desgracia, hay unos cuantos módulos escritos en PL/I.

La chica esbozó una sonrisa y tomó aire. Luego paseó sus ojos por la sala de exposiciones y preguntó:

—No hay problema, ¿dónde está la sala de sistemas? —su voz firme y en alto sí fue recogida por el micrófono del escenario y lanzada por toda la sala a través de los enormes altavoces.

—Al fondo, junto a los servicios —respondió el técnico señalando con el dedo.

Entonces la chica, agarrando la mano del técnico, se acercó al borde del escenario en la dirección que éste había señalado y, al tiempo que se impulsaba para bajar, le dijo algo que el micrófono reprodujo a todo volumen:

—¡Salta conmigo!

Y el salón entero estalló en un estruendoso aplauso.


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[079] - La diferencia entre "YO DEBO" y "YO QUIERO"

Si los miembros de tu equipo tienen motores del tipo “YO DEBO”, debes saber que podrán alcanzar algunas metas, pero éste tiene tendencia a moverse en ralentí y se calienta mucho. Se trata de un viejo motor de gasoil, pesado y ruidoso, que tiene un bajo consumo porque no te exige más que un marco de normas y reglas que hay que cumplir “porque yo lo mando”. Además, contamina el entorno…

Lo recomendable es cambiar al motor “YO QUIERO”. No hay color. Es un motor eléctrico que no hace ruido, pero es muy eficiente porque empuja a cada miembro que lo tiene hacia adelante generando compromiso, autosatisfacción y alto rendimiento. Puede parecer costoso, porque va a exigirte dotes de liderazgo y alimentarlo con un combustible especial: LA CONFIANZA, algo que ganamos de aquellos en los que ponemos la nuestra.


Merecerá la pena.


[078] - Haiku





el banco espera /
prestarte su descanso /
por nada a cambio

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[077] - Haiku





se dan la mano / 
y la tarde es testigo /
de amor eterno

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[076] - Haiku





rodeaste su tronco /
con tus brazos y el árbol /
se sonrojó

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