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[016] Dentro de mí


Hay otro yo
dentro de mí
que no soy yo;
que opina distinto
y tira
en sentido contrario
en cada riña que tengo,
dentro mí,
conmigo mismo.

Es otro yo
que defiende siempre
el plan "B";
que le gusta hacer,
dentro de mí,
de abogado del diablo
o de diablo mismo,
incluso...

Siempre lo he conocido
dentro de mí
y hasta puede que ya estuviera
antes de empezar yo a ser
quien ahora creo que soy.

Se suele comportar
distinto a mí;
si yo soy ying
él es yang
y opina blanco
lo que yo veo negro.
Se alegra de cosas,
dentro de mí,
que a mí me ponen triste
y se toma con calma
lo que a mí me intranquiliza.

No se si habita en mí
como huésped o puede que,
dentro de mí,
sea el verdadero propietario
de mí mismo.

Si lo busco
dentro de mí
a mí me encuentro
y si lo intento ocultar
de mí me pierdo.

Sólo hay una cosa
en la que estamos
siempre de acuerdo:
a los dos nos gusta
el café bien hecho,
aunque,
dentro de mí,
él lo prefiere con azúcar,
y yo con sacarina.




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Esta obra está licenciada por Joaquín Romero Zambrano, bajo una Licencia Creative Commons como

[012] La última taza de café

Cuando el último náufrago cogió su taza, se oyó como un quejido bajo sus pies. Al principio nadie hizo mucho caso porque el barco de rescate era grande y de apariencia robusta. Todos fueron muy amables. Con sus humanitarias sonrisas y sus cálidas mantas reconfortaron sus húmedos cuerpos, relajaron sus cansados músculos y les hicieron creer que el tiempo se estiraba, alargándose sobre el agua.

Todo fue bien, hasta que el suelo volvió a crujir. Esta vez, el casco se abrió en dos al paso de una grieta que corría por la cubierta. 'Replay' pensó: «¡No creo que pueda aguantar otro naufragio!» y, agarrándose cada cual a lo que buenamente pudo, fueron a dar con sus huesos en el agua. Luego llegó la espera, cuando el tiempo, casi detenido y rodeados de agua sus minutos, trajo el milagro. Un barco de rescate acertó a verlos y pudo sacarlos de aquel acuático infierno y ponerlos a salvo. Estaban ateridos. Habían preparado café y les sirvieron un poco a cada uno. Cuando el último náufrago cogió su taza, se oyó como un quejido bajo sus pies.



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