[005] Cafetorio (I)

Eran las cinco y media y ya empezaba a sentir esa sensación en el paladar: era la hora de mi café... al menos una de ellas.
Me separé discretamente de los familiares dolientes y del finado y salí al pasillo. Una decoración más fría aún que la de la sala de duelos decoraba la fría longitud del enorme corredor. ¿He dicho ya que era muy frío?
Giré la cabeza en ambas direcciones con los orificios nasales abiertos al máximo y supe claramente que la cafetería estaba al final del pasillo derecho. Justo enfrente de mis narices había un cartel que aportaba ciertos indicios:
"CAFETERÍA ==>"
Me acerqué con presteza pero sin demostrar ansiedad aunque, al llegar a la puerta y ver al camarero, estuve a punto de dar media vuelta. Tenía el semblante propio de un muerto y la poca sangre que circulaba por su cara se hallaba concentrada en uno de sus ojos, de manera que parecía que le iba a estallar de un momento a otro. Lástima que él me vió antes y actuó con profoesional diligencia:
-- "Pase señor, aquí tiene un sitio en la barra".
Su voz era aún más terrorífica que su cara. La próxima vez que venga a un tanatorio, me traeré un termo con café, pensé. Como si estuviera leyendo mis pensamientos, me espetó sin rodeos:
-- "Qué va a tomar el señor...".
Sus ojos hundidos se asomaban tímidamente desde unas cuencas negras y cavernosas.Camarero de la muerte...
-- "Un café con leche" -- contesté con un hilo de voz.
Estuve observándolo mientras preparaba mi encargo. Se movía por detrás de la barra como si la barra fuera suya, como si la cafetería fuera suya, como el si el tanatorio entero fuera suyo... hasta la ciudad podría parecer suya si el ayuntamiento no se opusiera alegando molestos e inoportunos inconvenientes.
Con los dedos largos y huesudos de una de sus manos acercó hasta mi la taza de café humeante mientras con la otra mano vertía un poco de sangre... digo, no, quiero decir de leche. de leche... hasta el borde mismo de la blanca taza mientras con un susurro casi imperceptible sentenció:
-- "No somos nadie ¿Verdad, señor? A todos nos llega la hora, tarde o temprano"....
(Continuará...)

[004] Evidencias para la memoria

Estoy a punto de llevarme mi taza de café a la boca, cuando caigo en la cuenta de que no sé si ya le he puesto sacarina. Lo habría notado por el sabor, pero mi cerebro quiere hacer el ejercicio mental de recordar si la he puesto o no. ¡Hoy en día nuestros cerebros hacen una vida tan sedentaria y con tan poco ejercicio!... El caso es que no me acuerdo.

Contra la falta de memoria, decía mi abuela que era bueno comer rabo de pasas. Yo utilizo otro método: las evidencias.

Deposito de nuevo la taza sobre su plato y observo meticulosamente cualquier detalle, dentro del perímetro de la cafetería donde me encuentro, que pueda darme evidencias concluyentes. Tienen que ser concluyentes, no voy a arriesgarme ante una duda razonable. Empiezo por la zona más cercana al lugar de los hechos: la taza. En un vistazo rápido compruebo que hay un sobre de sacarina abandonado con desdén en el borde del plato. Un examen más detenido nos revela que ha sido abierto, no sin cierta violencia, a juzgar por el ángulo de corte y las rasgaduras dejadas en el papel del sobre.

Pero la evidencia más esclarecedora es lo que yo llamo “la prueba de la cuchara”: si la cuchara está limpia es que no he puesto sacarina, o mejor dicho, que no la he movido aún. Y aquí está la cuchara, manchada de café, las evidencias no engañan, tengo suficientes pruebas para…

-- “Caballero, por favor, creo que se ha sentado usted en mi mesa. Ese es mi café”

¡Qué susto me ha dado, este señor! Interrumpiendo así mis pesquisas… “¿Cómo dice?”

-- “Le digo que mientras yo he ido a la barra a pagar, he visto que, al volver usted del servicio, se sentaba en mi mesa e incluso ha estado a punto de beberse mi café. ¿Es que el suyo no le gusta?”

El hombre señalaba con amabilidad a una mesa cercana que estaba vacía y en la que, una taza de café humeante lloraba desconsoladamente por el abandono de su dueño (“¡ups!... aguanta, pequeño, que voy en tu rescate”).“Lo siento señor, no sé que me ha ocurrido. No se preocupe por su café, ni lo he probado”, "¡Ah y me he lavado las manos al salir del WC, esté tranquilo!".

Mientras intentaba que la tierra se abriera y me tragara entero, con zapatos y todo, me levanté raudo y veloz y me fui a mi “mesa auténtica” a beberme mi “auténtico café”.

¡Qué apuro! Me sentía la cara ardiendo. Tenía la sensación de que toda cafetería estaba observándome… Miré a mi alrededor y, para mi tranquilidad no era cierto, sólo un 72% de los clientes me miraba. Bueno, necesito un café, mí café, y aquí está… Pero… ¡Oh, no! No recuerdo si le he puesto sacarina…

[003] Mejor que ayer, pero menos que mañana


Camarero: Buenas tardes, señor.


Uno: Esa será su opinión...

C: ¡Vaya!, parece que tenemos hoy un mal día.

U: Sí, los he tenido mejores.

C: ¿Qué vamos a tomar?... ¿Lo de siempre?

U: Yo, un café con leche y un vaso de agua y usted sólo un vaso de agua. A partir de ahí el resto se lo paga usted mismo.

C: Hacía mucho tiempo que no me invitaban a un vaso de agua en mi propio bar.

U: ¡La crisis, es lo que tiene!

C: Pues si me permite que se lo diga, en 12 años de servicio como camarero no había visto un carácter tan agrio como el que usted trae hoy.

U: No, no se lo permito.

C: (entre dientes) ¡Pues ya se lo he dicho!...

U: ¿Cómo dice?

C: Que aquí tiene su café. ¿Lo quiere con sacarina, como siempre?

U: Siempre lo tomo con sacarina y siempre lo tomaré...

C: Siempre es demasiado tiempo...

U: ¿Y a usted qué más le da?

C: Bueno..., es que cierro a las 12.

U: (hace una mueca como de una sonrisa).

C: ¿Son mis ojos o le he visto reir?

U: Puedo recomendarle un buen oculista...

(pausa)

C: Son ya muchos años tomando café aquí, ¿verdad?

U: ¿Qué quiere decir? ¿Es que le debo alguno?

C: No, qué va... me los ha pagado todos. Es que le he estado obervando... y cuando trae este humor de perros que trae hoy, tras tomarse su café, se le pasa y parece otra persona.

U: Oiga, su café es bueno, pero no tanto. No piense que tiene ese tipo de efectos sobre las personas...¿No creerá usted que va a salvar al mundo desde ahí, desde detrás de esa barra, simplemente sirviendo cafés?

C: Tome otro sorbo, señor... creo que ya le está cambiando el semblante.

U: Usted debe de haberse dado un golpe en la cabeza con la máquina del café o algo así...

C: Bueno, sí... cada camarero le damos nuestro "toque" personal a lo que hacemos. Y respecto a lo de salvar al mundo, ¿Quién sabe?... Al menos ahora, usted ya se siente mejor ¿No?

U: Solo siento haber entrado aquí esta tarde.

C: ¡Oh, vamos! ¿No querrá a hacerme creer que no le ha gustado lo que ha tomado?

U: ¡Pscheeee!... No estaba mal... Alguna de las palabras de su conversación no se ha disuelto bien en mi café y me las he tenido que tragar enteras...

C: Si no le ha gustado el café no tiene por qué volver.

U: (poniendo una moneda sobre el mostrador) No intente decirme lo que tengo que hacer.

C: ¿Hasta mañana, entonces?

U: ... volveré sólo para ver si puede mejorar el café que ha puesto hoy.

C: ¡Ajá! Eso significa que el de hoy ha sido mejor que el de ayer, ¿no es así?... ¡Vamos, admítalo!... responda, ¿no es así?

U: ... Hasta mañana.

C: Mañana va usted a tomar el mejor café que he preparado nunca.

U: ¿Y por qué motivo?

C: Mañana tendré más experiencia como camarero de la que he tenido hoy.

U: Está loco.

C: Y mañana más...

[002] Lo veo muy negro


Llevo mirando mi taza un buen rato y no consigo encontrar motivos de ánimo o de esperanza. La situación no pinta bien y tampoco parece que vaya a haber mejoría. Está bastante negro el asunto…

Levanto la vista y, a mi alrededor, parece haber otros clientes del bar que les pasa lo mismo. ¿Podremos encontrar la manera de no verlo tan negro?

Yo no le encuentro solución y por más que lo miro lo veo muy negro…

-- “Camarero, ¿me pone un poco más de leche, por favor?”

El café, es lo que tiene…

[001] No sólo un café


Empiezas pasando por la puerta casi sin mirar al interior. No reparas en su entrada, sus cristales rodeando una esquina en una calle céntrica y muy comercial. Pero un día, un excremento de perro, justo delante de la puerta, te obliga a pararte y… ¡caíste!

Miras hacia dentro y descubres un mundo nuevo. Hay gente en la barra, charlando con caras agradables y sonrientes. También ves gente sentada, en mesas elegantes y sillas cómodas y quieres ser como ellos. Entras y te sientas. Un camarero te ve y se acerca.

-- “El señor tomará…”

No sé lo que tomará el señor pero yo… es muy tarde ya para tomar café, pero no puedes pensar en nada que no sea café. En algunos países puede ser temprano para un café. Ves tu cara reflejada en los cristales junto a tu mesa y sonries, lo último que pediría sería un café. El camarero pasa un trapo por la mesa y te mira con un signo de interrogación entre las cejas.

-- “Póngame un café”

Y el camarero se va. Sin reirse. Tú no lo has visto reirse, se ha tomado en serio la comanda. Ya lo has hecho. Has entrado por la puerta grande.

Bienvenido al club de los muy cafeteros…