[021] El nuevo novio de la ex de Quintanilla


Como siempre que charlaba con Quintanilla, aquella tarde aprendí algo: no puedes estar tantos años detrás de la barra de un bar y no desarrollar un don especial para analizar a las personas.

―Quintanilla, ¿Alguna vez conociste a alguien que consiguiera sacarte de tus casillas sólo con su presencia?

Me observó unos segundos con aquella mirada penetrante que usaba para radiografiar a sus clientes. Le había visto usarla con todo aquel que le pedía crédito para tomarse una copa con un aplazamiento tácito de la transacción económica asociada.

―Soy camarero, señor ―me respondió finalmente. ―Todos mis jefes han sido, o son, propietarios de bares y siempre han producido en mí ese efecto.

―Ya. Pues yo tengo un nuevo compañero de trabajo que me pone la sangre a más de cien grados centígrados. Resulta que es un guarro que no se lava jamás y un inútil que no da un palo al agua.

Quintanilla arqueó una ceja y se acercó un poco más apoyando sus codos en el mostrador.

―Si me permite la comparación, señor, esa descripción coincide con la del nuevo novio de mi “ex”. ¿Sabe lo que digo yo de él?

―Sospecho que me lo vas a decir de todas formas ―dije.

―Fácil: guarro e inútil es “un cerdo a la izquierda” ―y su cara se iluminó con una sonrisa socarrona.

Me eché a reír. Tuvo mucha gracia.

―Quintanilla, otro café por favor…

―Eso está hecho, señor.




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